Tradiciones culturales

Cuento corto El capataz de los campos de algodón


Las labores en los campos de algodón comenzaban con los primeros rayos del Sol. Constantemente el dueño de la plantación reñía con su capataz, pues éste último no permitía que los trabajadores hicieran doble turno.

– Ya me estoy hartando de la manera en que tratas a esta gente. No te olvides que ellos son esclavos y deben laborar para ganarse el alimento.

– Eso lo sé bien señor. Pero también sé que si los tratamos con respeto y dignidad, ellos realizarán de una mejor manera sus labores. Replicó el capataz.

Un día el patrón enfermó gravemente, lo que lo obligó a delegar sus funciones principales a diversos trabajadores de su finca. Por su parte Cosme (así se llamaba el capataz) iba todos los días a los aposentos de su patrón para preguntar cómo se encontraba de salud. Es más, de vez en cuando le leía unos que otros cuentos cortos.

Una de esas tardes, el hombre que continuaba postrado en la cama le dijo a su encargado:

– Debo felicitarte. Tenías mucha razón. La productividad ha aumentado muchísimo desde que no se les azota a los esclavos. Debo confesar que yo estaba equivocado. ¿Quién te enseñó esa lección? Si no mal recuerdo tu padre opinaba lo mismo que yo con respecto a los métodos de tratar a la fuerza laboral.

– En efecto, mi padre era un hombre muy parecido a usted. No obstante, tuve la suerte de que me educara mi madre, quien me enseñó que a veces las pesadillas sirven de advertencia cuando estamos actuando de mala manera. Por ejemplo, uno de los sueños recurrentes que yo tenía cuando era joven era que los hombres de la plantación se rebelaban en contra mía lanzándome piedras y pegándome con palos, debido a la manera esclavista en la que de acuerdo a la costumbre debía tratarlos. Por ello, opté por seguir un camino totalmente distinto y es así como he conseguido mi felicidad.

Con el paso del tiempo, el dueño de la plantación logró restablecerse y siguió los preceptos de su capataz, tratando con igualdad a sus trabajadores, a quienes dicho sea de paso, les otorgó su libertad.